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Arquitectos de lujo para el desierto

Son starchitects - arquitectos estrella-, firmas que jamás se dan por vencidas ante misiones imposibles. Pero la tarea de Norman Foster y Rem Koolhaas en el emirato de Abu Dabi, en el golfo Pérsico, es quizás la más difícil de todas: convencer a los escépticos de que la construcción, no de una sola, sino de dos ciudades medioambientalmente sostenibles en el desierto petrolero de los Emiratos Árabes Unidos no viene a ser una costosa operación de relaciones públicas.

Ya hay quienes llegan al aeropuerto de Abu Dabi - en fase de ampliación que multiplicará por seis su capacidad hasta 50 millones de pasajeros- y se preguntan si los céspedes y jardines que crecen donde antes sólo había arena roja, gracias a sistemas de regadío con agua desalinizada, son señales de progreso o del delirio del emir Khalifa bin Zayed bin Sultan al Nahyan, cuya fortuna de petrodólares roza los 14.000 millones de euros.

Pero las dos ciudades "verdes" de Foster y Koolhaas - de cero emisiones de carbono y cero residuos- van mucho mas allá. Masdar, diseñada por Foster & Partners, y ya en la primera fase de una construcción que terminará según se prevé en el 2016, pretende alojar 50.000 personas en una ciudad de tres niveles con una superficie de 6,5 kilómetros cuadrados. Pese a una ausencia absoluta de agua, temperaturas veraniegas que rebasan los 55 grados y una debilidad de los ricos emiratíes por los todoterrenos supergrandes, Foster se compromete a diseñar una ciudad en la que transporte público, peatones y ciclistas sean los reyes.

Basándose en su diseño multinivel del aeropuerto londinense de Stanstead, la ciudad tendrá tres suelos distintos en jerarquía vertical: uno para vehículos sin conductor, otro para peatones y ciclistas, y un tercero, el más alto, para un monorraíl. Una central de energía fotovoltaica se construirá en las afueras junto con un sistema de reciclaje de basura. En todo caso, se pretende que la ciudad utilice el 75% menos de electricidad que otra ciudad del mismo tamaño gracias a sistemas de conservación. El Gobierno de Abu Dabi quiere desarrollar tecnologías medioambientales y energías renovables para facilitar la diversificación de una economía enriquecida, pero dependiente de los hidrocarburos.

Según explicó a La Vanguardia Gerard Evenden, socio principal de Foster en Londres y responsable del proyecto Nasdar, se espera que - en los ocho años que se tarde en llevarlo a término- la tecnología fotovoltaica permita también la desalinización del agua. Y aunque a priori pueda parecer imposible, sofisticados sistemas de reciclaje de aguas grises ayudarán a la viabilidad de la ciudad verde en el desierto. "Hay siete u ocho meses en los que se puede vivir fuera; estamos basándonos en arquitectura de ciudades antiguas para crear turbulencias de aire, con mucha sombra, calles estrechas; comunidades densas, edificios de cuatro o seis plantas; miramos Venecia y Roma: no va a ser el modelo estadounidense", dijo Evenden.

La inversión en Masdar asciende a casi 15.000 millones de euros. "Esto no es un ejercicio de relaciones públicas; va a ser una ciudad real, viva, y el modelo servirá en todas partes", dice Evenden. "Aquí tenemos mucho sol, pero si la ciudad estuviera en Inglaterra, haríamos lo mismo con viento o mar". El Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) colabora en el proyecto y tendrá un edificio en la ciudad.

En estos momentos los Emiratos Árabes - con una población de sólo cuatro millones- superan a Estados Unidos en emisiones de carbono por persona, y existe un atasco permanente en la carretera entre Dubai y Abu Dabi. Las dos nuevas ciudades verdes no ayudarán a resolver esto, dice Chandran Nair, del think tank asiático Global Institute for Tomorrow, que participó en una conferencia en Dubai sobre Masdar. "Estas ciudades se construyen a 30 kilómetros de Dubai y Abu Dabi y no creo que los emiratíes vayan a ir en tren", ironizó. En cuanto a la desalinización, "requiere enormes cantidades de energía; dudo que esto sea viable a escala más grande que Masdar", sentenció Nair.

La Ciudad en el Desierto de Koolhaas es tres veces más grande que Nasdar, pero por el momento es poco más que un esbozo. Koolhaas, arquitecto holandés conocido por sus planes urbanísticos radicales, rechaza la idea de "enverdecer" el desierto. "Grandes segmentos del desierto se han convertido en un césped (...) con un coste ecológico inmenso", dice. Propone una metrópoli de elevada densidad para 150.000 habitantes con rascacielos. Pero la jungla de hormigón de Koolhaas tampoco es la solución, dice Nair. "Esto es un desierto; los jeques ayudarían más a proteger el planeta comprando una selva en Borneo".

Fuente: La vanguardia 

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Falsa sostenibilidad

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[...]convencer a los escépticos de que la construcción, o de una sola, sino de dos ciudades medioambientalmente sostenibles en el desierto petrolero de los Emiratos Árabes Unidos no viene a ser una costosa operación de relaciones públicas.

Pues mucho van a tener que convencer de que no es así, porque no me creo que poner rascacielos (por definición, insostenibles) en un desierto, plantar plantas donde antes no hay nada, llevar agua donde no la ha habido durante años... tiene un coste ambiental cero y por tanto es sostenible, por mucho que se compensen las toneladas de CO2 (recordar que compensar no es lo mismo que no generar) o se usen energías renovables para abastecerlas. La sostenibilidad, creo, va más allá de compensaciones energéticas, o emisiones de CO2, también habla de agua, de residuos, de energía...y salta a la vista que estos últimos aspectos no están resueltos. Mientras tanto, seguimos llenándonos la boca de palabras bonitas, arrebatándoles totalmente su significado.

Carlos Cámara Menoyo
Arquitecto y webmaster

Imagen de Malvarrosa72

Digamos las cosas por su nombre

A mi estas noticias me cabrean. Están llenas de mentiras, como dice Carlos, se utiliza el lenguaje con palabras bonitas, políticamente correctas pero que en la práctica esconden verdaderas atrocidades para la vida en la Tierra.

Esta noticia no tiene desperdicio, a cada párrafo podíamos criticar su supuesta justificación, que es injustificable.

Indica que se trata de que arquitectos "estrella", tengan retos para realizar misiones imposibles, pues no, no es eso, son crímenes, no misiones imposibles. El hecho de plantearse la sustitución de arenas rojas por céspedes y jardines, evidentemente no es una señal de progreso, como nos quieren vender, es una irresponsabilidad y un "engordar" los delirios de grandeza del mandamás de turno. El progreso también se mide con las consecuencias que un hecho comporta, simple y llanamente se deben medir los pros y los contras y sobretodo a qué precio pagamos una determinada acción.

Bueno y lo de decir que generarían cero emisiones de carbono y cero residuos, ¡tiene delito!, a no ser que sea una ciudad inerte, de juguete...

En la sección de Scalae, participó un ambientólogo, pues se estará partiendo de la risa  (o llorando de pena) con todas estas memeces, si lee noticias como esta.

Para terminar quiero recordar que impacto ambiental es la diferencia entre la situación que se produce sobre el entorno, la salud y el bienestar del ser humano, como consecuencia de la ejecución de un proyecto, y la situación que existiría sin su intervención. ¿Aquí qué considerarían en cuanto a impacto ambiental? ¿cero también?.

 Evidentemente, lo que plantean poder hacer estos arquitectos es insostenible, ya que es una medida ecológicamente depredadora, socialmente injusta y económicamente desmesurada, si tenemos en cuenta el grave problema que tenemos de desequilibrio entre unos y otros países ante la idea y el hecho de satisfacer las necesidades humanas.

Creo que esta realidad que indica la noticia va más allá del dilema de los arquitectos/as ante la posibilidad de realizar una gran obra, como en otros comentarios de diferentes temas se ha hecho.