ROSARIO FONTOVA
BARCELONA
La prueba de que sus edificios son bioclimáticos la ofrecen los jabalís que frecuentan el techo vegetal de su casa, que se confunde con la topografía de Collserola, o los patos que anidaron en la azotea florida de su oficina, en el 22@. Felipe Pich-Aguilera y Teresa Batlle han sido incluidos en la exposición Zaragoza Kioto-Arquitectura para un planeta sostenible que se presenta en el pabellón de España de la Expo de Zaragoza, junto con otros 10 equipos internacionales. El dúo barcelonés presenta en la exposición la maqueta de una torre de 30 pisos que componen una ciudad jardín vertical. Cada piso, de unos 90 metros cuadrados, se prolonga con un jardín de otros 90.
Los arquitectos señalan que edificar la torre es viable técnicamente, pero que no es posible en Barcelona debido a la estricta normativa de calificación del suelo. La torre, dicen, puede ser una alternativa a una ciudad redensificada y una fórmula para oxigenar el ambiente. "La atmósfera es una primera arquitectura que nos cobija y cualquier edificación es siempre una atmósfera complementaria", dicen como lema de su ideario, basado, además, en procurar una vida confortable sin agredir a la naturaleza.
Y sin inventos excesivamente sofisticados. Aplicando sistemas tradicionales, como la ventilación cruzada, que a veces ha sido sustituida por el aire acondicionado. En sus edificios hay cubiertas con aljibes de agua que se usa para regar jardines aéreos o para el consumo doméstico. Las paredes de sus construcciones tienen un revestimiento de doble piel para crear barreras contra el frío o el calor. Elegidos por una trayectoria profesional que explora el bajo coste de las construcciones sostenibles, explican que hace 15 años que con este tipo de discursos les identificaban "con unos hippies", pero que ahora logran convencer a las empresas para fabricar prototipos de elementos de construcción.
En 1906 obtuvieron el premio Medi Ambient de la Generalitat y un edificio de viviendas de alquiler de la calle de Pau Claris, que consume un 50% menos de energía que uno normal, fue seleccionado para representar a España en un encuentro sobre edificación sostenible en Tokio.
Baja la temperatura
Uno de sus últimos edificios (que recibió otro galardón autonómico) es un call center situado en Toledo. En su interior hay un jardín para los empleados. La fachada se revistió con cerámica que diseñaron y que fabricó una empresa local que ya la comercializa. En total, en este edificio han logrado que la temperatura ambiente baje unos cinco grados.
Suyo es también un prototipo de cemento poroso, entre otros materiales muy simples y resistentes. Otro de sus proyectos innovadores se está alzando en Vitoria. Se trata de un edificio de nueve pisos construido íntegramente por ensamblaje. Todos los elementos vienen completos de fábrica y se montan rápidamente in situ, como si fuera un gigantesco mecano, con un considerable ahorro de tiempo y energía. En Reus realizan, en colaboración, el nuevo hospital, un gran complejo modular con zonas vegetales que no parece un centro sanitario. Y en Lleida están a punto de terminar el Parc Científic Agroalimentari en la colina de Gardeny. Han reciclado unos antiguos cuarteles militares y entre ellos han situado un tipo de invernadero-rambla destinado a los cultivos experimentales de fruta y verdura.
Con los años y la experiencia han logrado analizar sus edificios para comprobar si sus ideas han dado resultados prácticos. Confiesan un fracaso: la extrema humedad que hay en Barcelona en verano causa un exceso de condensación de agua en paredes enfriadas con aire. Otra dificultad radica en el poco interés con que el sector de la construcción ha abordado la investigación en sostenibilidad. Esta tendencia terminará, señalan, porque lo que hace unos años era ciencia ficción en no mucho tiempo formará parte de las normativas y de las prácticas de las empresas de la construcción.
Fuente: El Periodico