Nací en Madrid, donde estudié arquitectura. Al acabar, trabajé unos años con Rafael Moneo y luego fui a estudiar un máster en ‘Historia de la arquitectura y del desarrollo urbano” en la Universidad de Cornell con Colin Rowe, cuyos escritos ya conocía y me interesaban mucho. A la vuelta entré como profesor en la Escuela de Arquitectura de Madrid y finalicé mi tesis doctoral. Sin embargo, por entonces la actividad de arquitecto proyectista (y constructor) era aún mi objetivo fundamental. Con el paso de los años, la actividad teórica (docente e investigadora) pasó a ocupar todo mi tiempo. Además de la arquitectura, me interesa el arte, sobre todo el de las vanguardias del siglo XX.
Soy profesor de Composición arquitectónica en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Valladolid. Mis temas prioritarios de docencia e investigación se refieren a los principios y procedimientos formales de la arquitectura del siglo XX y XXi y del arte de las vanguardias de las tres primeras décadas del siglo XX. Estos trabajos constituyen una base para mi actividad como crítico de arquitectura; a su vez, las reflexiones críticas sobre arquitecturas actuales tienen una repercusión enriquecedora en mi labor docente.
Una vez terminados los estudios y obtenido el título de Arquitecto, me empecé a interesar por leer y reflexionar sobre cuestiones de arquitectura, y también por escribir, ya que ese es el modo más eficaz de poner en orden tus conocimientos y tus intuiciones. En este sentido, fue muy importante la influencia de Rafael Moneo, en cuyo estudio estuve colaborando durante varios años al acabar la carrera. Después empezó la otra carrera, la académica, y acabé decantándome por la actividad teórica.
Creo que por influencia paterna. Mi padre estudió varios cursos de la carrera de Arquitectura, hasta que la dejó para dedicarse a la pintura. Además, había tenido antepasados arquitectos e ingenieros en los siglos XVIII y XIX.
Quizá no me haya servido para mucho estudiar tantas matemáticas y tanto cálculo de estructuras, pero ser arquitecto y saber proyectar ha sido imprescindible para enseñar Composición arquitectónica y para hacer análisis formal y crítica de arquitectura.
Me siento totalmente arquitecto. No hago arquitectura en el sentido de proyectar y construir edificios, pero las actividades que realizo –teoría vinculada al análisis formal y crítica– están plenamente dentro de la disciplina arquitectónica.
En parte sí, aunque cada vez menos. De todas maneras, estar fuera de la vorágine de los estudios de arquitectura y del mercado de la construcción te permite mantener una distancia crítica y un sosiego necesarios para la verdadera reflexión.
Tengo que decir que fui
14 Septiembre, 2009 - 20:20 — lufegut (no verificado)Tengo que decir que fui alumno suyo, y que a pesar de ser un gran estudioso y teorico, es bastante flojo como docente, y no por la calidad de su carga teorica, sino por la forma en que imparte sus lecciones.
Se puede llegar a aprender mucho en sus clases, eso es indudable, pero exige un esfuerzo supremo de atencion y concentracion, para ser capaz de seguirlas, no por la complejidad de la materia, sino por la forma en que se expone. Desde luego, la facilidad de palabra no es una de sus cualidades, y esto se manifiesta de forma muy clara cuando se pasa una hora de monologo, en muchos casos inconexo y siempre monotono.