Mis amigos me llaman “Mónica”; mis hijas “mamá”; mi familia un apodo que no puedo hacer público. Supongo que soy un poco de todo eso…soy amiga, soy madre y… soy arquitecta.
Alguien me aclaró hace poco que yo me dedico a la gestión del conocimiento; se lo agradecí porque hasta ese momento no había logrado ponerle nombre a ese galimatías al que me dedico profesionalmente. Una persona que conozco definía la “gestión” utilizando el término anglosajón “management” (apañárselas) y me parece que refleja bastante lo que hago cada día; claro que podría aplicarse a lo que hace cualquier persona cada día: apañárselas.
Si tuviera que concretar en pocas palabras el espíritu de mi trabajo, creo que lo definiría como un cóctel al 50% de “estrategia creativa” y al 50% de “dirección operativa”. Sé que son términos un tanto ajenos al ideario profesional del arquitecto pero constituyen, realmente, mi día a día desde la dirección de la Escola Sert, el órgano de formación del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya.
Es un trabajo precioso, que te permite abrir ventanas que, a veces, no imaginabas ni que existieran y que, en ocasiones, de hecho, no existían: las tienes que crear. Es como un calendario de Adviento. Nunca sabes qué encontrarás detrás pero seguro que será de chocolate y estará muy rico.
Mi trabajo me permite bucear en la arquitectura desde las diferentes visiones de las áreas de conocimiento (rehabilitación, eficiencia energética, arquitectura de interiores, planeamiento,…); explorar la arquitectura como obra co-creada por los distintos agentes del sector; disfrutar de la arquitectura, destriparla, arrugarla, alisarla; por delante, por detrás; la arquitectura 2.0 y la 3.0. Y descubrir que, para pintar este cuadro, hasta Picasso habría necesitado varios lienzos, colocados en composición tridimensional.
Que el cuadro, de hecho, no está más que esbozado, porque todo está por decir. Que algunos trazos permanecen y otros se difuminan para dejar espacio a nuevos trazos. Que no podemos dejar de pintar con toda la paleta de colores y en todas las direcciones posibles.
También me dedico a solucionar incidencias, apagar fuegos y otras tareas de alto riesgo pero mi trabajo tiene un aliciente añadido. No sólo hago cosas que me gustan sino que lo que hago tiene un objetivo de interés común: mejorar la actuación del arquitecto y, por tanto, mejorar la arquitectura.
Mi primer trabajo relacionado con la dirección de equipos me lo ofreció un profesor de la carrera, ingeniero para más señas, en una asignatura de libre elección que se llamaba “Gestión del Proyecto Unitario”. Yo ya apuntaba maneras y me interesaba por asignaturas cuyo título provocaba urticaria a la mayoría de mis compañeros. Simultaneé ese trabajo con la docencia, que ya no he abandonado hasta la fecha. Después puse en marcha un departamento de investigación en el seno de una empresa de servicios profesionales de arquitectura. Más tarde, quise crear una empresa pero el proyecto de la Escola se cruzó en mi camino; “simplemente ocurrió”; alguien dio mi nombre y el proyecto me sedujo de inmediato.
Porque me gustaba la riqueza multidisciplinar que ofrecían los estudios de arquitectura. Poder combinar la lógica matemática con el carboncillo o la historia del arte hacía de la arquitectura un menú de tres tenedores. Tengo, como todos los arquitectos, espíritu humanista…
Pues claro! Yo me dedico a solucionar, a crear, a debatir, a reflexionar… pero, en lugar de aplicarlo a un “edificio” lo aplico a “cualquier edificio”. La carrera no te “encasilla”; te proporciona conocimientos y habilidades para diseñar tu propia trayectoria profesional.
Sí; es arquitectura; soy arquitecta; y no añadiré nada más porque implicaría una justificación que no creo necesaria. Dejemos que cada uno lo valore como quiera.
Valoro la posibilidad de proyectar edificios como una de tantas posibilidades profesionales. No me interesan las “etiquetas” sino los proyectos atractivos donde pueda seguir solucionando, creando, debatiendo, reflexionando…
La arquitectura no tiene
27 Enero, 2010 - 20:55 — CarlosLa arquitectura no tiene nada que ver con el género, Jazmín, y quien diga eso miente y no sabe lo que dice. No sé de dónde eres, pero basta pasear por una facultad de arquitectura al azar y verás que la mitad o más de alumnos son mujeres.
Te recomiendo que leas este mensaje que hubo en +arquitectura sobre las mujeres arquitectas y te animes a participar.
Saludos,
Carlos Cámara Menoyo
Arquitecto y webmaster
Si hasta el término "arquitectura" es femenino!
31 Enero, 2010 - 23:19 — Mónica Bonafonte (no verificado)No; ahora en serio. Haces bien en no dejarte achicopalar. Creo que la mujer no tiene nada que demostrar a estas alturas. La arquitectura, como dice Carlos, no es cuestión de sexo sino de pasión...y de esfuerzo...y de horas sin dormir...y de crear...y de disfrutar. No he tenido ninguna dificultad especial por el hecho de ser mujer. Es cierto que en algunas actividades del sector te encuentras fundamentalmente con hombres pero eso no excluye a la mujer ni mucho menos. También es verdad que, en ocasiones, hay comentarios desafortunados pero el problema es del que los emite. Sigue adelante con tu ilusión. Te deseo lo mejor. Un cordial saludo,
Mónica