En España todo se hace de boquilla: lo que decimos que es sostenible lo decimos porque lo creemos, pero no existe ningún movimiento, ninguna inversión que permita monitorizar los edificios y ver qué modelos son realmente más sostenibles por la calidad de vida que proporcionan y que permitan parametrizar y poner en valor el trabajo que desarrollamos algunos arquitectos desde hace tiempo. Hasta que no se haga eso, no tendremos ninguna orientación y seguirá siendo una palabra mística.